Memoria: talleres para ejercitar las neuronas

Cómo encontrar la clave para acordarnos de las cosas

Los talleres de memoria son una herramienta muy útil para retrasar todo lo posible el deterioro cognitivo. Y si se realizan de forma preventiva, cuando empiezan a detectarse los primeros olvidos injustificados, mucho mejor. Nos zambullimos en el mundo los talleres memorísticos, piezas clave  -junto a la dieta sana y el ejercicio físico- para recordar mejor. Para ello, contamos con la colaboración del psicogerontólogo Miguel Ángel Maroto, director de la red Ahoracentros, especialista en talleres de memoria. Objetivo: ejercitar las neuronas.
 

¿Qué se hace en los talleres de memoria?


En estos talleres hacemos psicoestimulación a través de diferentes actividades. ¿Cómo los organizamos? Primero se explica a los mayores el proceso de envejecimiento neuronal: hay que saber cuál es la causa por la que se produce un olvido porque hay diferentes tipos de lo que llamamos quejas de memoria. Por supuesto, previamente realizamos una valoración de cada persona y de sus olvidos.
Memoria: talleres para ejercitar las neuronas
No es lo mismo olvidar un producto en la compra que olvidar el nombre de una persona. Existen unos diez tipos de olvidos principales o quejas de memoria, en un día cualquiera (cerrar la puerta, apagar el gas, la plancha…) y cada uno de ellos tiene una causa dentro del funcionamiento normal de la memoria. Muchas personas ya saben que tienen que ejercitar la memoria para no perderla, como saben que tienen que hacer gimnasia para mantener el organismo sano.
 

Entender los recuerdos ayuda a no perderlos


La clave está en tres cuestiones: saber cómo funciona la memoria, el porqué se produce cada tipo de olvido y conocer qué es lo que tenemos que hacer mejorar la memoria y los despistes del día a día. Así funciona memoria: primero nos impacta un estímulo, lo que se convierte en recuerdo a corto plazo; más tarde se transforma en recuerdo a largo plazo. Cuando han pasado muchos días, lo intentamos recuperar… ¿Y qué sucede? Dependiendo de varios factores que se dieron durante este proceso, lo recuperamos o no.
 
La atención es fundamental porque sin atención no hay memoria. Podemos hacer una prueba práctica para comprobarlo si nos preguntamos, tapando nuestro reloj: “¿Mi reloj tiene números? ¿Los tiene todos? ¿Estos números son normales o romanos?”. Muchas personas pueden no saber contestar o fallar estas preguntas.  Esto es normal, ya que aunque miremos la hora muchas veces en el día, probablemente no nos fijemos en como es el reloj.

Si ha habido atención, lo siguiente para memorizar algo es codificarlo, es decir hacer algo con esa información. Normalmente se recurre a repetir internamente lo que queremos memorizar, aunque en estos talleres enseñamos otras técnicas más sencillas y con resultado mucho más satisfactorios como la asociación.

Entender los recuerdos ayuda a no perderlos

Una vez consolidado el recuerdo -seguramente en la fase REM de nuestro sueño-, entrará en nuestro “desván” la memoria a largo plazo  y cuando queramos recordar algo, eso estará más o menos accesible dependiendo de cómo se guardó -si se asoció o no a otras cosas, por ejemplo- y del uso que le hemos dado. Es decir, un recuerdo almacenado pero no usado costará recuperarlo, como por ejemplo el nombre de alguien conocido pero que no vemos ni nombramos hace tiempo. En ese caso, el cerebro ha perdido la huella de memoria (mnésica) es decir, el camino que le lleva a localizar el recuerdo almacenado.
 

¿Cuáles son las causas de los olvidos?


Hay muchas, pero vamos a hacer hincapié en los porqués fundamentales de los olvidos:

Falta de atención

Para evitarlo hacemos ejercicios de atención (atención mantenida, atención dividida, atención selectiva…) para mantener alerta la mente del mayor.
 

Fallo de codificación.

O lo que es lo mismo, no guardar bien la información en la memoria. Como hemos mencionado para evitar este tipo de olvidos tenemos estrategias de memoria como la asociación. Por ejemplo al aparcar el coche en un centro comercial, podríamos fijarnos en el número (atención) y codificarlo correctamente (asociación), si fuese el número 36, diríamos “como la Guerra Civil”, si fuese el 82 “los Mundiales de futbol”, el 23 “Golpe de estado” o “aniversario”, por ejemplo.

También ayuda a codificar la agrupación (de conceptos, palabras…). Otra forma de acordarnos de cosas es por el contexto: volver al lugar que ha generado el estímulo nos recuerda, por ejemplo, “a por qué íbamos a la nevera”. Se han hecho experimentos memorísticos sobre expediciones marinas con buzos en el fondo del mar y buzos situados en un barco. La conclusión es que recordaban más detalles los buzos en el fondo marino. Es decir, el contexto o el ambiente donde algo se memorizó ayuda a volver a recordarlo.
 
Carmen Arnanz