Memoria: primeras señales de deterioro cognitivo

Desorientación, menor capacidad verbal y de aprendizaje

La memoria es la capacidad de retener conocimientos y experiencias pasadas. Existen diversos factores que pueden afectar de forma directa o indirecta a la cognición, como los trastornos de la atención, los problemas visuales y la sordera, o la depresión. De hecho, en la actualidad todavía no hay un consenso absoluto respecto a la definición del deterioro cognitivo.

Los expertos explican que se trata de una disminución del rendimiento de las capacidades mentales o intelectuales. Entre las principales capacidades que debemos observar se encuentran:
  • Memoria
  • Pensamiento abstracto
  • Orientación
  • Uso del lenguaje
  • Capacidad de razonamiento
  • Facultad para el cálculo
  • Destreza constructiva
  • Capacidad de aprendizaje
Para el médico es muy difícil observar el nivel del deterioro cognitivo, pues en la mayoría de las ocasiones es progresivo. Suele ser el propio paciente o sus personas más allegadas quienes se dan cuenta del descenso del nivel intelectual o la pérdida de facultades como la memoria.
 

Desorientación, primer síntoma

La falta de orientación puede darse en tres niveles: el tiempo, el lugar y la persona. Aunque puede aparecer de forma repentina, suele desarrollarse de manera progresiva y gradual durante varios meses, e, incluso, años.
 
  • Primeros síntomas, los temporales. Los pacientes pierden la conciencia del día en el que viven o bien confunden tiempos pasados con el momento actual.
  • Ámbito espacial. Las personas afectadas desconocen el lugar en el que se encuentran, olvidan el camino de vuelta a casa, por ejemplo, o bien no reconocen lugares habituales.
  • Los relativos a personas. Por último, se produce cierto olvido de las personas que se relacionan con el paciente y aparecen dificultades para recordar los nombres, parentescos, etc.

Desorientación, primer síntoma deterioro cognitivo
La desorientación es consecuencia de un posible trastorno neurológico que puede originarse por la aparición de una enfermedad, como el Alzheimer, el ictus y la demencia, entre otras. También hay algunos desórdenes psiquiátricos que pueden causar alteraciones en la orientación, como la depresión, el estrés o la ansiedad. Otras circunstancias que pueden afectar a la orientación son el exceso de alcohol y el consumo de drogas.
 

Peor razonamiento abstracto y verbal

Las habilidades cognitivas están basadas en el razonamiento abstracto y en la capacidad para razonar con contenidos verbales. Existen diversas pruebas y tests psicotécnicos para evaluar el nivel de razonamiento abstracto, así como para valorar la capacidad de resolver problemas lógicos, deducir las consecuencias de una acción o imaginar situaciones que no se están produciendo en ese mismo instante. La facultad de razonamiento abstracto y verbal es un factor mental vinculado directamente con la inteligencia.

La mayoría de las personas, especialmente cuando llegan a ancianos, suelen desarrollar poco el razonamiento verbal. Esta capacidad intelectual puede mantenerse y mejorarse con la práctica de diversos ejercicios, como la búsqueda de sinónimos y antónimos de un concepto, el aprendizaje de refranes y su significado o cualquier juego en el que intervengan las palabras y el lenguaje.



Peor razonamiento abstracto y verbal

El deterioro de la habilidad comunicativa suele ser un proceso paulatino en el paciente con enfermedad de Alzheimer. El lenguaje se ve perjudicado a medida que avanza la demencia, por lo que el cuidador y los familiares deben hacer un esfuerzo mayor para comunicarse con la persona afectada. En las primeras fases de la enfermedad, el paciente suele sufrir anomia, que origina problemas para la nominación, es decir, la persona se olvida del nombre de los objetos y de las personas. Posteriormente, la semántica, la fonología y la sintaxis también se ven afectadas. Este proceso degenerativo puede terminar en una afasia global o mutismo.

El deterioro paulatino del razonamiento verbal y los problemas con el lenguaje desembocan en limitaciones sociales. El aislamiento desde los primeros instantes de la enfermedad produce complicaciones en las relaciones personales, problemas en la comunicación, etc. Dicho retraimiento puede confundirse con cierta indiferencia del afectado para desarrollar su vida social. El vocabulario es cada vez más limitado debido a los problemas de memoria, y, en consecuencia, la conversación se va empobreciendo.