Curiosidades sobre la memoria: el porqué de olvidos y fallos

Identificar la causa del olvido es importante

Curiosidades sobre la memoria

La memoria es un tesoro que hay que guardar muy bien… pero no tanto como para no “encontrarlo” cuando más lo necesitamos.

Escritores y pensadores de todos los tiempos han reflexionado sobre el valor de preservar memoria. Con la ayuda del libro “La memoria” -escrito por el psicogerontólogo Miguel Ángel Maroto Serrano y editado por la Comunidad de Madrid- hacemos un repaso de los principales hitos memorísticos, así como de sus olvidos y fallos.
 

Edad y memoria

Los olvidos y fallos de memoria no son consecuencia exclusiva de la edad, aunque la edad suele influir. Hay personas mayores que pueden tener una buena memoria, mientras que otras mucho más jóvenes pueden empezar a notar una pérdida cognitiva notable a partir de los 50 o 55 años.

Es verdad que con la edad se produce una pérdida natural de neuronas y de la velocidad de transmisión de los impulsos nerviosos. Pero nuestro cerebro es capaz de modificar su estructura mediante la llamada “plasticidad del sistema nervioso”, creando nuevas conexiones entre las neuronas que quedan. Por eso, más importante aún que el número de neuronas es el número de conexiones que se establecen entre ellas. La memoria guarda lo que fuimos, lo que somos y además nos impulsa al futuro.
 
“La memoria es el centinela del cerebro”, William Shakespeare.
 

Estrés, ansiedad y depresión: enemigos de la memoria

Antes de pensar en deterioro cognitivo, el médico suele descartar factores como estrés, ansiedad y depresión. Estos tres factores pueden suponer una merma notable de memoria en personas de cualquier edad. La buena noticia es que, al tratarlos, se recupera buena parte de la memoria perdida, especialmente si la persona afectada se encuentra en buen estado físico.

Estrés, ansiedad y depresión: enemigos de la memoria

Por eso, el neurólogo intenta descartar siempre que el paciente que se queja de fallos de memoria no está sometido a altos niveles de estrés o se encuentre en un proceso depresivo. Hay otros factores ambientales que pueden influir. como la jubilación (lo que supone una menor estimulación cognitiva) o el uso de nuevas tecnologías que “suplantan” a la memoria (agendas, electrónicas, alarmas, móviles de última generación…).

“Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”, Jorge Luis Borges.
 

Cuando no es falta de memoria sino de atención

No pocas veces los olvidos son en realidad falta de atención y no de memoria; hay personas mayores que achacan sus fallos de memoria a la pérdida de función cognitiva cuando simplemente reforzando la atención lograrían mejorar mucho sus resultados. La atención que ponemos en las cosas, el interés, es fundamental para guardar su recuerdo.

Estar sometido a situaciones estresantes puede aumentar estos fallos de atención, que se traducen en fallos de memoria. Para solventarlos, es bueno el uso de técnicas mnemotécnicas que nos ayudan a tirar del “hilo mental”, que nos ayudan a rescatar los recuerdos de ese gran desván que es el cerebro humano.

“Cada uno tiene el máximo de memoria para lo que le interesa y el mínimo para lo que no le interesa”, Arthur Schopenhauer.

Hay varios tipos de memoria

La memoria se aloja en distintas partes del cerebro, según la función que desempeñe; por ello, podemos hablar de diferentes clases de memoria. Por ejemplo, la llamada memoria de trabajo es muy similar a la RAM de un ordenador. Es la llave (“pegamento mental”, según el autor del libro) para mantener todas las conexiones neuronales activadas mientras realizamos una actividad. Este tipo de memoria sufre mucho en enfermedades degenerativas como el alzhéimer.
 

Enumeramos otras clases de memoria que nos ayudan en el día a día, especialmente cuando aprendemos algo nuevo: memoria sensorial, motriz, viso-espacial, verbal, semántica… En todas ellas, existe un nexo común: la capacidad de focalizar atención de la persona en la actividad memorística que realiza el cerebro en cada momento.


“El auténtico arte de la memoria es el arte de la atención”, Samuel Johnson.

Cuáles son los olvidos más frecuentes

Lo más frecuente es olvidar acciones del día a día como cerrar con llave, apagar el horno, la luz, cerrar el gas… Y cómo no hablar de la medicación, especialmente en los mayores: “¿Me he tomado ya la pastilla o no?” En la gran parte de los casos, cuando se comprueban, no habíamos olvidado hacerlo, pero lo revisamos por seguridad.

Y los objetos más olvidados son los cotidianos: gafas, llaves, móvil, paraguas, libro, bolso, chaqueta… Lo ideal es dejar todo siempre en el mismo sitio para evitar quebraderos de cabeza. Y la práctica habitual de juegos de memoria es muy útil en estos casos.

Si olvidamos algo que acabamos de leer, puede que estemos frente a un caso de “lectura automática” o falta de atención, por lo que tenemos que volver al principio del texto.
 

Memoria: olvidos más frecuentes

Otra situación cotidiana: en la cocina, pensativos, nos preguntamos, “¿Qué he venido yo a hacer aquí…?” En estos casos, lo ideal es volver al sitio donde estábamos anteriormente, que seguramente nos desvelará lo que necesitábamos hacer en la cocina.

“Mi memoria es magnífica para olvidar”, Robert Louis Stevenson.