Dieta rica en pescado y marisco, menor riesgo de Alzheimer

El mercurio no acarrea deterioro mental, según este estudio

Comer pescado y marisco puede proteger del Alzheimer a las personas que tienen mayor riesgo genético de padecer la enfermedad, incluso puede contribuir a prevenirla. Investigadores de la Universidad de Rush, en Chicago (Estados Unidos), han examinado los efectos del mercurio que se encuentra en pescados y mariscos sobre el cerebro humano y han determinado que esta neurotoxina no provoca un deterioro mental ni supone mayor riesgo de demencia ni Alzheimer. Además, han observado efectos beneficiosos de ambos alimentos sobre las personas que genéticamente están más predispuestas a padecer Alzeheimer.
 
 

Los beneficios de la dieta mediterránea

Pescados y mariscos son dos de los componentes de la dieta mediterránea, reconocida por los expertos como saludable y a la que ya se había vinculado con menos casos de Alzheimer o, por lo menos, con un avance más lento de la enfermedad.

Sin embargo, muchas personas son reticentes a consumir pescado o marisco por el mercurio que pueden contener. Los investigadores examinaron los restos de mercurio en el cerebro y observaron que las personas que consumen más pescado y marisco tenían niveles más altos, pero no encontraron relación entre este hecho y el daño cerebral típico del Alzheimer y la demencia. La investigación respalda una dieta con cantidades moderadas de pescado y marisco sin que la contaminación con mercurio suponga un deterioro mental para los adultos mayores.
Dieta rica en pescado y marisco, menor riesgo de Alzheimer
 

Efectos del mercurio sobre el cerebro

Para el estudio se analizó a personas que participaron en el Proyecto Rush de la Memoria y el Envejecimiento y que murieron entre 2004 y 2013. La edad media de fallecimiento rondaba los 90 años y un 67% de los participantes eran mujeres. Ninguno de ellos tenía demencia o deterioro cognitivo cuando se inscribieron en el proyecto y aceptaron someterse a evaluaciones neurológicas y a autopsias de su cerebro después de morir.

Durante la investigación, se calculó el consumo semanal de pescado y marisco de los participantes mediante cuestionarios sobre su alimentación, que se realizaron durante una media de cinco años antes de su fallecimiento. Posteriormente, se tomaron muestras de tejido de 286 cerebros en los que se midieron las concentraciones de mercurio, se buscaron evidencias de demencias y señales de Alzheimer y de Parkinson.

Los expertos observaron que las personas con riesgo más alto de desarrollar Alzheimer (aquellas que tenían una variante genética llamada apolipoproteína E, conocida como APOE) y que comían una o dos veces por semana pescado presentaban menos daño por esta enfermedad en el cerebro. Sin embargo, esta relación protectora no se vio en las personas que no portaban el alelo o variación del gen APOE, es decir, entre los que no estaban predispuestos genéticamente a padecer la enfermedad.